AMOR

a prueba de hijos
PARA PAREJAS CON HIJOS PEQUEÑOS

Volver a hablarse cuando los hijos lo cambian todo.

Soy psicólogo clínico. Diseñé un método para parejas con hijos pequeños, en formatos que sí caben en tu vida: cursos, talleres y herramientas para llevar a casa.

Cuando todo el mundo habla de los hijos, nadie habla de la pareja.

Hay silencios que no siempre fueron así. Hay conversaciones que antes eran risa, deseo, complicidad, y hoy son apenas logística. No es falta de amor. Es que el amor también se cansa. Y casi nadie te dijo que esto iba a pasar.

40%
de las parejas se separan en los primeros 5 años después del bebé
60%
reportan haber dejado de tener conversaciones significativas
4%
busca ayuda profesional a tiempo

Cuatro caminos. Una sola metodología.

I

Cursos online

Aprende a tu ritmo, en formatos que caben en tu vida. Desde mini-cursos temáticos hasta el método completo.

Ver cursos →
II

Talleres en vivo

Una experiencia presencial para reconectar como pareja en uno o dos días. Grupo pequeño, ambiente cuidado.

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III

Cajas y herramientas

Conversaciones que se llevan a casa. Cartas, juegos y rituales para los días normales.

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IV

El libro

El método completo en formato libro. Una lectura para hacer solo o en pareja.

Conocer el libro →
— Detrás de este proyecto —

Soy Daniel. Llevo cerca de veinte años escuchando lo que las parejas no se atreven a decirse.

Hijo, esposo, padre. Psicólogo clínico, magíster, terapeuta de pareja y familia.

20 años
de consulta clínica
1.000
consultas de pareja
Una década
formando psicólogos · U. Javeriana

Durante una década fui profesor de cátedra en la Maestría en Psicología Clínica de la Pontificia Universidad Javeriana, donde formé a generaciones de psicólogos en intervención sistémica con parejas y familias. Mi formación clínica combina terapia sistémica, construccionismo social, coaching, liderazgo apreciativo y prácticas colaborativas para el diálogo y la transformación de conflictos.

Una parte importante de mi trayectoria estuvo vinculada a proyectos de construcción de paz, desarrollo comunitario y fortalecimiento institucional con organizaciones nacionales e internacionales. Lo que aprendí allí sobre el conflicto como fenómeno humano —cómo se construyen los desacuerdos, cómo se llega a acuerdos sólidos, cómo se sostiene la conversación cuando todo invita a romperla— es lo que dio origen a Amor a prueba de hijos.

Después de más de mil consultas de pareja y dos hijas en casa, sistematicé un método que no es terapia ni autoayuda: un mapa concreto para que las parejas con hijos pequeños puedan volver a hablarse cuando la vida es exigente.

Acompaño a las parejas a volver a conversar, a construir acuerdos sólidos y a encontrarse otra vez cuando la vida es exigente.
Conoce más sobre Daniel →
— Lo que dicen las parejas —

Conversaciones que sí movieron algo.

Después del taller dejamos de discutir cada domingo por la repartición de la semana. No es magia. Es que aprendimos a hablar antes de explotar.
LM
LINA M.
Bogotá · hijos de 2 y 4 años
El mini-curso de carga mental me hizo entender por primera vez que mi esposa no me pedía ayuda con las tareas. Me pedía algo más profundo.
AR
ANDRÉS R.
Medellín · hijo de 3 años
Empezamos en la Masterclass. Después la caja. Después el taller. Cada paso valió la pena. No es terapia, es algo más útil para nosotros.
CS
CATALINA S.
Cali · hijos de 1 y 5 años
— Diario —

Para leer cuando tengas cinco minutos.

Mayo 2026 · 6 min de lectura

La carga mental que nadie nombra

Por qué la conversación más difícil de la pareja con hijos no es sobre las tareas. Es sobre quién las piensa.

Símbolo Amor a prueba de hijos
— El símbolo —

El símbolo de esta marca no se cierra.

Dos arcos enfrentados. Dos cruces. Un espacio abierto entre los dos.

Cada arco es una persona. Los dos se cruzan en dos momentos: arriba el encuentro, abajo el compromiso sostenido. Entre ellos queda un espacio íntimo: ese es el lugar donde vive la relación, donde caben los hijos, los acuerdos, las conversaciones difíciles y las celebraciones.

Pero los arcos no se cierran en los cruces. Las puntas siguen su camino. Cada persona sigue siendo quien era, con su propio rumbo. Una relación sana no fusiona: integra. Por eso el amor no es un punto al que se llega: es un camino que sigue, incluso cuando hay que aprender, otra vez, a conversar.

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Empezar es lo más difícil. Después se vuelve costumbre.

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